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martes, 4 de octubre de 2016

Salud y espiritualidad



Información que permite entender que la enfermedad es auto-generada de manera inconsciente por las falsas creencias y limitaciones mentales que tienes implantadas. Su propósito es forzarte a localizarlas, a que tomes consciencia de su existencia y las trasciendas, lo que produce tu perfeccionamiento espiritual y la evolución de tu consciencia.

La enfermedad, igual que la pobreza y la soledad son correspondencias de aprendizaje, generan experiencias de sufrimiento y depresión. Cuando buscas dejar de sufrir para encontrar la felicidad, buscas las causas que las generaron para que no se repitan en tu vida, en ese momento encuentras que todas están en tu mente. Conductas ácidas, egoísmo, un modelo equivocado de cómo funciona la realidad, una visión distorsionada de ti mismo y de tu propio poder que destruye tu auto estima y tu confianza interior, hábitos auto destructivos, visualización negativa y preocupada del futuro, sentimientos negativos, pensamientos auto destructivos, comida falsa que genera enfermedad, pretensiones de cambiar a los demás, crítica implacable de tus amigos y seres queridos, mente en el pasado en culpa, vergüenza, tristeza o pena.



LA CAUSA DE LA ENFERMEDAD 
La enfermedad es, desde la perspectiva de un sanador, un desequilibrio. Y éste es el resultado de olvidarse de quién es uno. Este olvido crea pensamientos y acciones que conducen a una forma de vida insana y, en su momento, a la enfermedad. En sí misma, la enfermedad es la señal de que uno está desequilibrado por haberse olvidado de quién es. Se trata de un mensaje directo que no sólo nos dice la forma en que estamos desequilibrados, sino que nos muestra, además, los pasos que debemos dar para volver al yo real y a la salud. Esta información es muy específica si se sabe cómo acceder a ella con seguridad. 
Por tanto, se puede entender la enfermedad como una lección que uno se da a sí mismo para ayudarse a recordar quién es. El lector pensará inmediatamente en todo tipo de excepciones a esta afirmación. Pero, en su mayoría, tales excepciones le limitarán a una percepción de la realidad que únicamente incluye este tiempo vivido particular y sólo la vida del cuerpo físico. Por contra, la finalidad que persigo es más trascendental. Las afirmaciones que anteceden sólo podrán ser entendidas por el lector de forma plena y saludable si se acepta ya a sí mismo com existente más allá de las dimensiones físicas del tiempo y el espacio. Sólo se pueden sentir esas afirmaciones como amor si le incluyen a usted como una parte del todo y, por ende, como el todo. Se basan en la idea de que individualización y plenitud son la misma cosa. 
Es decir, el todo está formado a priori por partes individuales y éstas, por tanto, no son sólo parte de aquél, sino que, como un holograma, son realmente el todo. 
Durante mi propio proceso de crecimiento personal, que se produjo a lo largo de los años mientras hacía mis observaciones del campo energético como consultora, tuvieron lugar dos cambios que alteraron drásti-camente mi forma de trabajar con la gente. El primero consistió en que durante las sesiones empecé a recibir consejos de mis maestros espirituales sobre lo que debía hacer en ellas, lo que me llevó a buscar y a pedir tipos específicos de información relativos a los distintos niveles del aura. El segundo cambio consistió en el desarrollo de lo que yo denomino «visión interna»; es decir, que era capaz de ver en el interior del cuerpo, como si fuera un aparato de rayos X. Mi trabajo fue cambiando lentamente de ser consultora a convertirme en sanadora espiritual. 
La curación se convirtió, primero, en una ampliación de la terapia, para pasar luego a ser el núcleo central de toda terapia, pues alcanza a todas las dimensiones del alma y del cuerpo mucho más allá de lo que podía llegar la terapia. Mi trabajo se hizo evidente: estaba curando el alma o convirtiéndome en un canal para ayudar a que el alma recordara, en los momentos en que se olvida y se aparta del camino en la enfermedad o el malestar, quién es y adónde se dirige. Este trabajo me ha resultado muy gratificante, llenándome de éxtasis al experimentar las elevadas energías y los seres angélicos que acuden a la curación. Al mismo tiempo, es un desafío personal enfrentarse al dolor de una terrible enfermedad física, que el sanador debe experimentar hasta cierto punto para curar. Tuve que permitirme ver la tremenda energía y los desequilibrios espirituales con que viven muchas personas. La humanidad lleva consigo un terrible dolor, sufre de soledad y siente un profundo deseo de libertad. El trabajo del sanador es un trabajo de amor. Llega al interior de esas dolorosas áreas del alma y reaviva suavemente la esperanza. Hace que despierte de nuevo la antigua memoria de quién es el alma. Toca la chispa de Dios en cada célula del 
cuerpo y le recuerda con cariño que ya es Dios y, al serlo, fluye inexorablemente con la Voluntad Universal hacia la salud y la plenitud. 
En los capítulos que siguen expondré el proceso patológico y el de curación, contemplados desde el punto de vista de los maestros espirituales. Compartiré con el lector algunas de mis experiencias como guía espiritual en el ámbito profesional, y comentaré en detalle la elevada percepción sensorial, cómo actúa y cómo la puede aprender el lector. También presentaré la visión de la realidad de Heyoan. Es importante que se entienda todo esto para aprender las técnicas de curación presentadas en la Quinta parte. 



LA SEPARACIÓN DE LA REALIDAD 

La idea aportada por la mecánica newtoniana de que el universo está compuesto de bloques materiales separados se quedó anticuada a principios del siglo xx. Nuestros científicos han presentado abundantes evidencias que demuestran que todos estamos interconectados 
de forma permanente; no somos seres separados, sino individualizados. Sólo nuestras viejas costumbres newtonianas de pensar nos conducen a estos conceptos de separación del todo. Sen-cillamente, no son verdaderos. Permítame el lector que le muestre un ejemplo de lo que puede lograrse interpretando la autorresponsabilidad desde el punto de vista de la separación. 
Suponga que un niño pequeño enferma de SIDA a causa de una transfusión de sangre. Si se interpreta este caso desde el punto de vista de la separación podríamos considerarlo como una pobre víctima. 
Examinado desde la versión popularizada de la autorresponsabilidad, la reacción podría expresarse así: «Bien, él lo ha originado, por tanto, es culpa suya». Sin embargo, desde la perspectiva del holismo diríamos: «¡Qué dura lección han elegido esa valiente alma y su familia para aprender de su mayor realidad! ¿Qué puedo hacer para ayudarles en todo lo posible? ¿Cómo puedo amarles mejor? ¿Cómo puedo ayudarles a recordar quiénes son?». Cualquiera que considere la vida de esta manera no encontrará contradicciones entre la responsabilidad y el amor, pero sí una gran diferencia entre la responsabilidad y la culpa. 
El punto de vista de la individualización y el holismo promete respeto y aceptación de cualquier cosa que experimenten otros seres humanos. Por contra, frases como «¡Tú creaste tu cáncer; yo no hubiera hecho algo así!» se dicen desde la perspectiva de la separación, no de la individualización. La separación promueve miedo y victimismo; un miedo y un victimismo que sólo cuentan con el apoyo de la lusión de ausencia de poder. La responsabilidad y la aceptación promueven poder desde dentro para crear la propia realidad. Así, si el lector tuviera algo que ver inconscientemente en hacer que las cosas sean como son, tendría muchísimo que ver con la creación de las cosas de la forma que desea que sean. Veamos con mayor claridad el proceso del olvido. 
Cuando somos niños, los que nos rodean sólo verifican una pequeña parte de nuestra experiencia interna. Esto crea una lucha interior entre la propia conservación y la confirmación procedente de los demás. Durante la infancia necesitábamos muchísima confirmación: estábamos en una fase de aprendizaje y éste se basaba en la confirmación que nos llegaba del mundo exterior. En consecuencia, o creábamos mundos secretos de fantasía o rechazábamos gran parte de la realidad interna no confirmada y encontrábamos la forma de almacenarla para poderla verificar más tarde. Otra forma de explicar el proceso es que bloqueábamos y manteníamos al margen nuestras experiencias, fueran éstas imágenes, pensamientos o sentimientos. El bloqueo nos separaba de forma efectiva, como un muro, de aquella parte de la experiencia, almenos temporalmente. Nos tapiábamos para separarnos de nosotros mismos. Lo cual constituye otro modo de decir que olvidamos quiénes somos. En los capítulos 9 y 10 nos ocupamos ampliamente de los bloques del campo aural. El efecto de estos bloques, cuando se contemplan desde el punto de vista aural, es alterar el saludable flujo de energía que corre por el campo aural, lo que desemboca en la enfermedad. Se convierte en lo que a veces se denomina alma-sustancia estancada. Son las «manchas» de energía-conciencia que se separan del resto de nosotros 

Examinemos el proceso empleando la idea de la Gestalt sobre la pared. 
Cuando el lector experimenta alguna incomodidad, lo que está experimentando es, en cierto modo, la pared que levantó entre su yo integrado mayor y una parte de sí mismo. Esa pared sirve para contener una parte de usted en la que no desea integrar su experiencia en tal momento. Con el tiempo, la pared se convierte en muro y usted olvida que lo que se ha tapiado es una parte de si mismo; es decir, ha creado más olvidos. Empieza a dar la sensación de que lo que ha quedado empa-redado es algo procedente del exterior; parece que el muro impide que salga alguna fuerza externa pavorosa. Estas paredes internas se crean a lo largo de eones de experiencias del alma. Cuanto más tiempo permanezcan, más parecen guardar algo que no sea el yo separado del yo. Cuanto más tiempo se mantengan, mayor sensación darán de que crean seguridad, pero solidificarán en mayor medida la experiencia de la separación. 

Por fortuna, nadie puede engañarse todo el tiempo, por lo que tarde o temprano acude al pensamiento la idea contraria: «No soy superior, luego debo ser inferior». Ello crea en la persona un estancamiento mental que también constituye una deformación de la estructura del cuerpo mental. Se produce una división de la fuerza vital en dos corrientes directamente opuestas y la persona cae en una división dualista. Otro ejemplo de este conflicto es: «No puedo hacerlo» y, sin embargo, «lo puedo hacer». Por tanto, tenemos un estancamiento mental en el cuerpo mental. Este estancamiento se expresa en forma de energía y vibraciones y, si el individuo no lo soluciona, puede llegar a convertirse en un tipo de pensamiento disociado y caer en la inconsciencia. Esto afectará al cuerpo emocional (por medio de la vibración inducida descrita más arriba) y causará miedo, debido a que la persona es incapaz de resolver el problema. Dicho miedo se deriva de la irrealidad, por lo que es inaceptable para la persona; en consecuencia, queda bloqueado y puede convertirse igualmente, trans-currido algún tiempo, en inconsciente. Como ya no existe un flujo libre de los sentimientos en el cuerpo emocional, donde aparecerán nuevas manchas oscuras de energía estancada o muy débil, esta interrupción se precipitará al cuerpo etéreo en forma de líneas de fuerza luminosa enmarañadas o desgarradas. Teniendo en cuenta que sobre este conjunto de líneas de fuerza o estructura en rejilla crecen las células del cuerpo físico, a éste se transmitirán los problemas del cuerpo etéreo que lo harán enfermar. 
En nuestro ejemplo (figura 15-4), el miedo podría alterar el etéreo en el plexo solar, dando lugar a una so-brecarga del yin en esa área si la persona es incapaz de resolver este dilema concreto. Si se deja que persista, la alteración provocará trastornos en el metabolismo de las energías químicas del cuerpo físico, lo que hará que los sistemas físicos se desequilibren y, en su momento, enfermen. En nuestro ejemplo, la sobrecarga del yin en el plexo solar podría provocar un aumento de la acidez estomacal susceptible de degenerar en úlceras. 
Así, las energías desequilibradas de los cuerpos superiores del sistema afectado se van transmitiendo progresivamente en descenso hacia los cuerpos inferiores, hasta provocar la enfermedad en el cuerpo físico. La sensibilidad del sistema enfermo a las sensaciones corporales se ha reducido, y ello puede conducir a una falta de sensibilidad con respecto a las necesidades corporales, lo que se manifiesta, por ejemplo, en la adopción de una dieta inadecuada que puede crear un bucle negativo de realimentación de energías aún más desequilibradas. Cada cuerpo alterado o desequilibrado tiene un efecto perjudicial sobre su vecino superior inmediato. Esta enfermedad tiende a crear una mayor patología. 
Las observaciones que he realizado a través de la elevada percepción sensorial demuestran que en las  capas del campo con números pares la enfermedad adopta la forma de los bloques descritos anteriormente en este libro: infracargados, sobrecargados o con energía oscura obstruida. En las capas estructuradas del campo, la enfermedad adopta la forma de desfiguración, alteración o enmarañamiento. 


Puede que aparezcan orificios en la estructura en rejilla o en cualquiera de las capas de números impares del aura.

Los fármacos afectan enormemente al aura. He visto formas de energía oscura en el hígado producidas por las medicinas ingeridas para curar enfermedades anteriores. Durante varios años después de haberse curado supuestamente, la hepatitis deja un color amarillo anaranjado en el hígado. 
He visto la pintura radioopaca que se inyecta en la espina dorsal para diagnosticar una lesión diez años después de haberse aplicado, aunque se supone que desaparece del cuerpo en uno o dos meses. La quimioterapia obstruye todo el campo aural, especialmente el hígado, con una energía de aspecto mucoso pardo verdoso. La radioterapia achicharra las capas estructuradas de dicho campo como si fuera una media de nailon quemada. La cirugía deja cicatrices en la primera capa del campo y, en ocasiones, en todas sus fases hasta la séptima capa. Se pueden curar estas cicatrices, deformaciones y obstrucciones con el apoyo a la autocuración del cuerpo físico; si se dejan deformadas, dicho cuerpo tendrá muchas más dificultades para curarse a sí mismo. Después de extirparse un órgano todavía es posible reconstruir el ór-gano etéreo, que servirá para mantener la armonía en los cuerpos aurales situados por encima del cuerpo físico. Imagino que algún día, con un conocimiento más amplio del campo aural y de la bioquímica, podremos hacer que los órganos extirpados vuelvan a crecer. 
Como los chakras son los puntos de máxima ingesta energética, constituyen puntos focales de equilibrio muy importantes dentro del sistema energético. Si un chakra está desequilibrado, el resultado será una enfermedad. Cuanto mayor sea su desequilibrio, más grave será la dolencia. Como se ha mostrado en el capítulo 8, figura 8-2, los chakras parecen torbellinos de energía formados por cierto número de conos espirales de energía más pequeños. Los chakras adultos están recubiertos por una pantalla protectora. En un sistema sano, dichos conos espirales giran rítmicamente en sincronía con los demás, sorbiendo energía del CEU hacia el interior para que la utilice el cuerpo. Cada cono está «sintonizado» a una frecuencia específica que precisa el cuerpo para funcionar saludablemente. Sin embargo, en un sistema enfermo estos torbellinos no trabajan sincronizados. Los conos energéticos espirales que los forman pueden ser rápidos o lentos, espasmódicos o ladeados; en ocasiones es posible observar fracturas en la pauta energética. Un cono espiral puede estar parcial o totalmente desplomado o invertido. Estas alteraciones se relacionan con alguna disfunción o patología del cuerpo físico en esa área. Por ejemplo, Schafica Karagula indicaba en Breakthrough lo creativity, refiriéndose a un caso de alteración cerebral, que uno de los torbellinos más pequeños del chakra de corona se derrumbaba, en vez de mantenerse enhiesto, en una forma que la autora consideró normal. También la matriz situada dentro del cerebro del individuo mostraba «huecos» que la energía había saltado. Estos «huecos de chispa» correspondían a la parte del cerebro extirpada quirúrgicamente. En «el caso del corazón roto», John Pierrakos informa haber observado alteraciones en los chakras cardiacos de pacientes afectados de angina de pecho o alguna otra enfermedad cardiovascular. En vez de ser torbellinos brillantes, girando a gran velocidad, los chakras parecían estar obstruidos con una sustancia oscura e inactiva.





martes, 13 de septiembre de 2016

Espiritualidad



En mi caso he tomado esta enfermedad como un camino a aprender sobre mi propia espiritualidad. Puedes o no compartir este sentimiento o creencia, de hecho tomo la enfermedad como un camino difícil de autoconocimiento. 
Porque la enfermedad nace en lo mas íntimo de nosotros mismos, la causamos con nuestros pensamientos y nuestros actos, por lo cual somos absolutamente responsables de ella y debemos, además del tratamiento médico, producir cambios drásticos en nuestras vidas a fin de mitigar y porque no curar sus síntomas.
Entenderé si esto resulta difícil para ti y no lo compartes,  te pido que si no comulgas con esta idea simplemente salta esta sección.

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 Fibromialgia un camino a la espiritualidad






lunes, 16 de noviembre de 2015

Aspecto Metafísico de la enfermedad



Es el camino que nos lleva hacia la curación.Nuestro cuerpo es un universo que funciona con la misma perfección, precisión e inteligencia que el cosmos.
El 99,999% del átomo es vacío, por lo que nuestro cuerpo está proporcionalmente tan vacío como el espacio intergaláctico. Aunque nuestros sentidos, nos digan lo contrario. Somos vacío y energía vibrando armónicamente.
Energía es información inteligente, o vibración, sonido.
Nuestro cuerpo también es como un delicado instrumento musical que puede desafinarse, cualquier perturbación en él lo puede afectar.
Muchísimas veces la enfermedad es el resultado de nuestra forma de pensar y de sentir, y sobre todo de nuestra actitud frente a los sucesos y circunstancias de nuestra vida que modifican nuestra energía.
Porque muchas veces no es lo que nos pasa en la vida, sino como nosotros reaccionamos frente a los acontecimientos.
Nuestra forma de ver la vida, es lo que determina como nos va en la vida.

Síntomas y enfermedades, manifestaciones físicas de conflictos psicológicos y emocionales. No son otra cosa que la punta del iceberg. Lo que se ve a simple vista, es una pequeñísima parte. La verdad permanece oculta en nuestro subconsciente.
El que busca verdaderamente una solución a su enfermedad tiene que ir hacia su interior para poder sanar.
Sobre todo si padece una enfermedad incurable, porque enfermedad incurable en realidad quiere decir curable desde el interior, desde nuestra conciencia.
Cuando una persona sufre un desequilibrio en su interior más profundo a nivel psicológico o mental, se manifestará en su cuerpo como un síntoma o una enfermedad física o psíquica.
Un síntoma o una enfermedad es un toque de atención, nos están avisando de que prestemos atención porque algo erróneo está pasando. Es un mensaje del alma, un aviso del universo, es hora de hacer un cambio en nuestra vida.
Muchas veces es cuestión de cambiar nuestra forma de pensar, de sentir y de ver la realidad.
Ya que nuestra forma de ver la realidad, determina nuestra realidad. ¿Con que ojos sueles mirar la realidad?
El síntoma o la enfermedad son procesos físicos visibles de un proceso nuestro psicológico invisible.
El síntoma no es un monstruo al que debamos eliminar, es sólo un sistema de alarma que se ha puesto en funcionamiento, es una lucecita roja que se ha encendido, avisándonos de que algo en nuestro interior no anda del todo bien.
De la misma forma que tampoco hay que eliminar la fiebre, sólo controlarla, que no sobrepase de los 40º. La fiebre en realidad nos cura, hace que el metabolismo de todo nuestro cuerpo se intensifique de tal forma que quema todas las toxinas, virus, bacterias o todo tipo de desechos metabólicos que ensucian nuestro medio interno. La fiebre en realidad, no sólo está acelerando el proceso de curación, sino que nos está sanando.
Para curarnos lo que hay que hacer es investigar en nuestro interior más profundo y buscar la causa de la enfermedad. Hay que apartar la mirada del síntoma o de la enfermedad y buscar más allá. Ir al origen, ir a la raíz del problema.
La enfermedad sólo tiene un fin, ayudarnos a reparar nuestras faltas, errores o carencias. La enfermedad en realidad es el camino hacia la curación. De hecho saca al exterior lo que estaba escondido y oculto.

La enfermedad es el camino hacia la perfección, porque nos mejora como personas (sino a la corta, a la larga) y nos aporta una serie de valores que quizás antes no teníamos. Si hacemos examen de conciencia, finalmente descubriremos la parte positiva que nos aporta la enfermedad.Si realmente queremos curarnos, deberemos sincerarnos con nosotros mismos y llevar estas faltas o carencias a nuestra conciencia, reconocerlas como tal.
Muchas veces el problema no es tener faltas, defectos o carencias, sino no darse cuenta de ellos. Reconociéndolos, tenemos hecho la mitad del camino.
Todo el mundo ve los defectos de los demás, pero ¡que difícil es ver nuestros propios defectos!
Muchas veces las personas con las que interactuamos, son espejos de nosotros mismos. Aunque nosotros nos veamos muy diferentes a ellas, en el fondo no lo somos.
La sinceridad para con uno mismo es una de las más difíciles peticiones que nos podemos hacer.
El síntoma y la enfermedad ponen en evidencia cuestiones reprimidas y mantenidas ocultas, y por tanto nos hacen sinceros.
El ser humano tiene que aprender a comprender lo que la enfermedad viene a decirle.
Cada trastorno, molestia o síntoma que ocurre en nuestra vida significa que hay una necesidad no cubierta. Debemos descubrir cuales son esas necesidades.
Y descubrir las pautas mentales causantes, la mayoría de las veces suelen ser rabia, crítica, auto-crítica, resentimiento, culpa, problemas afectivos, agresividad sin canalizar, problemas sexuales y todo tipo de pensamientos y emociones negativas.
Las personas con enfermedades cardiacas suelen ser personas que algo las ha obligado a cerrarse a la intimidad y al amor. Han endurecido su corazón. Y sólo se rompe un corazón duro.
Estas personas que no escuchan a su corazón, que sólo se dejan llevar por la razón y la mente, acaban padeciendo alguna enfermedad del corazón. Finalmente el corazón toma el mando, y acaban a la fuerza prestando atención a su corazón.
Los enfermos de cáncer suelen ser personas que mantienen algún tipo de resentimiento de larga duración, o problemas emocionales pendientes con el pasado, que los hacen sentirse profundamente heridos.
Las personas con enfermedades sanguíneas suelen padecer o haber padecido de problemas y conflictos familiares graves.
La anemia está relacionada con una falta de alegría ante el proceso de la vida misma y con un sentimiento de no valer.
Las personas con hipo-glucemia perciben la vida como una carga y se sienten abrumadas por esa pesada carga. Hay una forma correcta de comer, basada en la adecuada proporción de hidratos carbono, proteínas y grasas que si la ponemos en práctica nos ayudará a solucionar este problema.
Las personas con hiper-glucemia (diabetes) tienen un afán no reconocido de realización amorosa y no son capaces de aceptar y abrirse al amor.
El amor y lo dulce tienen una estrecha relación. El niño disfruta con el dulce, está en un periodo de su vida, en que necesita mucho amor. Y un adulto con carencias afectivas tenderá a darse un gusto con un dulce o con la comida en general, intentando compensar esa carencia.
Las personas con reumatismo tienen un sentimiento de víctima, una carencia afectiva y una amargura crónica.
Las personas con enfermedades artríticas suelen ser muy críticas con ellas mismas y con los demás, tienen una tendencia obsesiva a fijarse en lo negativo de la vida y de las personas. Y eso no hace sino que empeorar su mal. No se sienten amadas.
Las personas con colón irritable, suelen tener miedo a relajarse, y sienten inseguridad.
La crisis persistente de tos, en realidad es un deseo de ladrar al mundo, deseos que ser escuchado y tenido en cuenta.
Las personas con vértigo, tienen una obstinada negativa a mirar, porque lo que ven no les agrada. Sus pensamientos están dispersos, van y vienen.
Las personas con problemas de tiroides, sienten que no pueden nunca hacer lo que desean, además de un sentimiento de humillación
Hipotiroidismo, desesperanza, bloqueo, la persona renuncia a todo intento.
Hipertiroidismo, rabia por ser dejado de lado.
Problemas en la piel, sentimientos de miedo, angustia, sensación de amenaza, problemas nerviosos.
La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, es una gran superficie de proyección donde se muestran procesos psico-somáticos.
Erupción cutánea, problemas de contacto, roce y relación. Stress nervioso, miedo.
Acné juvenil, es la atracción y el miedo al instinto recién despertado de la sexualidad. No aceptación de uno mismo.
Psoriasis, la piel se vuelve como una coraza, uno se defiende protegiéndose. Detrás de toda defensa hay miedo a ser heridos. Cuanto más robusta la coraza, más sensibilidad y más miedo escondidos.
Prurito, irritación, ardor por temas de sexualidad y agresividad.
La conjuntivitis está muy relacionada con actitudes de enfado y frustración con lo que se ve en la vida.
El orzuelo, los niños y las personas con esta inflamación del párpado suelen ver la vida con ojos airados. Hay algo que les produce enfado.
Cataratas, lo que se ve, no produce alegría y no gusta, por tanto se cubre con una tenue cortina para mitigarlo.
Migrañas, las pueden producir muchos factores, desde un estreñimiento, tensión nerviosa, stress, ayuno, intolerancias y alergias ante un alimento, insatisfacción sexual (falta orgasmos), resistencia ante el fluir de la vida, auto-critica, invalidación de uno mismo, miedo.
Problemas en la garganta, laringitis, afonía, furia que impide hablar, impulso tremendo a hablar e incapacidad y miedo de hacerlo.
Nudo en la garganta, miedo, desconfianza.
Amigdalitis, miedo, rabia, emociones y creatividad reprimidas, la persona no puede ser ella misma.
Vegetaciones, conflictos familiares. Niño que se siente un estorbo.
Enfermedades pulmonares. Mediante la respiración todos estamos en contacto, respirando el mismo aire.
Por muy deseosos que estemos de encerrarnos en nosotros mismos, la respiración nos obliga a mantener la unión con los demás.
Los pulmones representan la capacidad de comprender e inspirar la vida. Son el contacto, la relación y la comunicación con el entorno.
Problemas pulmonares, aflicción, depresión, miedo de inspirar la vida. Sensación de no ser digno de vivir plenamente, problemas de contacto y libertad.
Asma, problemas de contacto, roce y relación. Miedo.
Pulmonía, Neumonía, heridas emocionales sin cicatrizar, no se permite su curación. Cansancio de la vida. Enfado.
Bronquitis, ambiente familiar conflictivo, peleas, gritos. Falta de comunicación, silencio.
Dolores, en general. Sentimiento escondido de culpa. La culpa busca castigo y el dolor es el castigo. Resistencia a lo que es. La resistencia crea más dolor. Algo necesita un cambio.
Meteorismo, dolor por acumulación de gases. Aferramiento de ideas y posturas. Temor. Ideas no digeridas.
Aerofagia, angustia, indigestión, esforzarse en aspirar la vida.
Las personas con sobrepeso suelen tener sentimientos de miedo y se suelen sentir desprotegidas, en muchos casos suelen ser personas con carencias afectivas e insatisfacción sexual. La comida se convierte en un paliativo de su insatisfacción, del tipo que sea.
El sobrepeso también lo favorece la soledad, el aburrimiento, la tristeza, el rechazo, un sentimiento de fracaso, la sensación de impotencia, y las ideas negativas.
La única dieta efectiva, es la abstención de pensamientos negativos. Muchas veces engordan más los remordimientos por el alimento que te estás comiendo, que el alimento en sí. Porque si tu crees que te engorda, ten seguro que lo hará. Creer es crear.
Periodontitis (piorrea). Cólera ante la incapacidad de tomar decisiones.
Anorexia nerviosa, mujeres que no quieren ser mujer, repudio a la feminidad y a la sexualidad. Miedo al sexo, a la proximidad y al calor. Egocentrismo encubierto, ansían atención y la consiguen por medio de la enfermedad. Tienen que hacer consciente su deseo de amor, sexo y egocentrismo.
Depresión, sentimiento de desesperanza. La agresividad no expresada o canalizada, se re-dirige hacia dentro, temor tanto a la vida como a la muerte. La agresividad hacia uno mismo, alcanza su máximo en el suicidio. Sentimiento de culpabilidad, baja auto-estima, ideas y pensamientos negativos recurrentes.
Ansiedad, la otra cara de la depresión. Depresión y ansiedad, distintas manifestaciones de la misma enfermedad. Pensamientos y creencias negativas. Se tiende a proyectar la mente en el futuro, lo que no nos permite vivir el presente. La preocupación y el sufrimiento psicológico, es un camino directo a la enfermedad. La fiebre de la prisa, aumenta la ansiedad.
Insomnio, Miedo, culpa, pensamientos negativos. Desconfianza en el proceso y fluir de la vida.
Angustia, miedo de la vida, falta de confianza en el proceso de la vida. Resistencias, falta de fluidez. Pensamientos negativos.
Apatía, negativa y resistencia a sentir, porque no agrada lo que se ve y se siente. Miedo.
Esclerosis múltiple, rigidez mental, dureza de corazón contra sí mismos y contra el mundo, miedo, inflexibilidad. No aceptar otra forma de ver las cosas. Su mismo nombre ya lo indica, múltiples endurecimientos. Al ser incapaces de imponerse, su frustración la interiorizan re-dirigiéndola contra sí mismos.
Problemas de espalda, se suele sentir una falta de apoyo en la vida. Suelen ser personas que se sobrecargan de trabajo y presión, más de la que pueden aguantar. Y sienten este exceso de tensión en forma de dolor de espalda.
Cargar demasiada responsabilidad sobre nuestras espaldas revela un afán oculto de grandeza o quizás un complejo de inferioridad.
En la parte superior es un sentimiento de falta de apoyo emocional. Sensación de no ser amado.
En la parte media, sensación de llevar una pesada carga, atascamiento en el pasado.
Las personas con dolores en la parte baja de la espalda suelen padecer constantes problemas económicos en su vida, o al menos esa es la percepción que ellos tienen. Sienten una falta de apoyo económico.
Ciática, temor al futuro y a carecer de bienes materiales, inseguridad ante el porvenir. Rencor, agresividad reprimida, rechazo a algo o a alguna persona.
Tortículis, falta de flexibilidad en nuestras opiniones y forma de ver la vida, rigidez de pensamiento. Terquedad.
Problemas de estómago, Incapacidad de digerir, asimilar lo nuevo en nuestra vida. Temor a lo nuevo. Falta aceptación.
Indigestión, miedo visceral, terror, angustia. Quejarse por todo.
Estreñimiento. Temor a soltar. Sentimiento de falta y carencia. Negativa a abandonar viejas ideas. Tacañería. Mezquindad.
Hemorroides, rabia por el pasado, temor a soltarse, sensación de carga.
Fibromas, quistes. Resentimiento, rencor contra la pareja afectiva. Sentimiento de “me han lastimado y herido injustamente”.
Fibrosis quística, convicción de que la vida no va a ir bien, sentimiento de víctima.
Problemas en las articulaciones, representan cambios en la orientación de la vida, y la dificultad con que se llevan a cabo. Resistencia al cambio. Los cambios producen miedo.
Los riñones son la sede de la convivencia y de la comunicación con el prójimo.
Los dolores y afecciones de los riñones se presentan cuando hay problemas de convivencia, problemas de relación con nuestros semejantes.
Vejiga de la orina, ante determinadas situaciones que nos producen tensión psicológica, experimentamos una necesidad de vaciar la vejiga. La tensión que se experimenta a nivel mental, acaba manifestándose en el plano físico, a través de la vejiga.
Hepatitis y problemas de hígado, es la sede de la rabia, ira, indignación y agresividad reprimida. Miedo y resistencia al cambio.
Cálculos biliares, amargura, juicios condenatorios, agresividad reprimida y petrificada.
Ictericia, prejuicios internos y externos, la forma de pensar y la razón están desequilibradas.
Herpes labial, enfado, disgusto y temor de expresarlo.
Herpes genital, culpa sexual, remordimientos.
Problemas de la menstruación, rechazo de la feminidad, culpa, temor. Relacionar genitales con sucio y pecaminoso.
Problemas de la menopausia, miedo a envejecer, miedo a dejar de ser deseable, sensación de cualquier tiempo pasado fue mejor. Amargura por las oportunidades perdidas. Rechazo de una misma.
Rechinar de dientes al dormir, agresividad no manifestada, muchas veces inconsciente. Agresividad impotente, en estado latente.
Hipertensión. Personas que tienen un conflicto, pero que no lo afrontan. Viejo problema emocional no resuelto. Indicio de agresividad reprimida. Rehúyen los conflictos.
Hipotensión, ante un conflicto se evaden. Les falta ánimo y valor. Rehúyen los conflictos. Derrotismo.
Cuando padecemos algún tipo de gripe, catarro, resfriado, suele ocurrir que alguna situación de nuestra vida, nos ha hinchado las narices (metafóricamente) y nos está produciendo enfado (conflicto mental) y esa rabia se acaba manifestando en nuestro cuerpo. El conflicto mental al igual que un disgusto provoca el debilitamiento del sistema inmunológico y por tanto mayores posibilidades de enfermar.
Infección, enfado, irritación, rabia, fastidio.
Inflamación, ira, rabia pensamientos inflamados. Miedo.
Mononucleosis, enfado y rabia por no recibir amor y aprecio.
Adicciones, esconden algo. Toda adicción evita el contacto con la emoción. Puede ser un sentimiento de vacío existencial, falta de amor, sentirse solo, desconexión con nuestro ser superior.
Nuestra realidad nos hace sufrir y la adicción enmascara nuestro sufrimiento, de forma temporal para luego recrudecerlo.
Heridas, enfado con uno mismo, conflicto mental. Culpabilidad.
Sida. Amor y sexo deben ir juntos, tienen que estar en equilibrio, sino no es posible alcanzar la unidad. Disociación entre amor y sexualidad.
El amor no vivido, pasa al subconsciente, y a la larga se manifiesta en el cuerpo en forma de destrucción de las defensas del organismo. Amor es apertura, vulnerabilidad, entrega, unión.
Amor no vivido en el plano espiritual, se vive en el plano físico, con una aniquilación de las defensas físicas.
Alzheimer, Negarse a enfrentar la vida. Desesperanza, desamparo.
Accidentes, incapacidad de hacerse valer, rebelión contra la autoridad. Problemas no resueltos. Son aprendizajes forzosos.
Los accidentes a pesar de venir de fuera, están íntimamente ligados con nuestro interior. Por la ley de resonancia no podemos entrar en contacto con algo con lo que no tengamos nada que ver.
La propensión al accidente existe para un determinado tipo de personas.
Es una parada en nuestra vida, que debemos investigar. De esta nueva situación deberá surgir algo nuevo, una nueva orientación.
Nosotros somos responsables en un porcentaje muy alto de nuestra salud y de nuestra enfermedad.
Pero esto no se tiene que percibir de forma negativa, sino todo lo contrario, hay oculto un mensaje positivo.
De la misma forma que tenemos el poder de crearnos una enfermedad, tenemos el poder de curarnos esa enfermedad.
Nuestra mente es tremendamente poderosa, nos puede hundir y enfermar pero al mismo tiempo nos puede salvar y curar. Sólo de nosotros depende.
Dentro nuestro, en nuestro interior más profundo, existe un lugar desde el cual todas las cosas son posibles.
Los terapeutas estamos para ayudar pero quien realmente se cura es el paciente, el propio enfermo, y se cura cuando decide curarse. Cuando decide ir hacia su interior y preguntarse que está haciendo mal, o quizás deberíamos decir que está pensando mal y por tanto sintiendo mal.
Es responsabilidad de cada uno de nosotros, el buscar, indagar, cuestionar, perseverar hasta poder encontrar el mensaje, la enseñanza valiosa que se oculta en cada situación, suceso, vivencia, circunstancia, síntoma y enfermedad.
Cada vez que veamos un defecto en otra persona, deberíamos preguntarnos que defectos tenemos nosotros, y cuando seamos capaces de ver nuestros propios defectos, sentiremos más comprensión ante los defectos de los demás.
Otra pràctica de crecimiento interior es centrarnos en encontrar virtudes en el prójimo, en lugar de enfocarnos en sus defectos. Si verdaderamente lo intentamos de corazón, las descubriremos. Ya que todos absolutamente todos, somos un compendio de defectos y virtudes.
Es sólo cuestión de cambiar nuestro enfoque, en vez de mirar lo negativo, mirar lo positivo. La cara siempre mirando a la luz, y de espaldas a la oscuridad.
En la vida no todo es blanco o negro, hay una gama infinita de grises.
Necesitamos cuidar bien nuestro pensar y sentir
Hay que tener una actitud mental positiva ante nosotros mismos, hacia los demás y hacia la vida en general. Y sentirnos conectados espiritualmente.
Si realmente queremos una vida dichosa, deberemos tener pensamientos dichosos, lo cuales crearán emociones dichosas.
Tenemos que aprender a observar a las personas y a los hechos sin que nuestro ego automáticamente cree un juicio de aprobación y conformidad o bien de condena o repulsa.
A todos nos resulta tremendamente doloroso asumir nuestra responsabilidad total en nuestra vida, nuestras circunstancias y situación de vida. Y siempre tendemos a evadirnos de esa responsabilidad y buscar la culpa en el exterior.
Sentirnos conectados espiritualmente, es saber que algo muy superior a nosotros guía nuestros pasos. Que nada es casual, que todo tiene un por qué. El azar y la casualidad no existen. Todo lo que nos pasa, todo lo que acontece en nuestra vida es por algo, tiene una razón de ser.
Lo único permanente, que perdura más allá de la tumba, es la conciencia. Porque nuestro cuerpo desaparecerá, al igual que nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, nuestra mente, nuestra personalidad, nuestro ego. Sin embargo dentro nuestro, en nuestro interior más profundo, está nuestra esencia real, la que es eterna, inmutable, permanente, la que no puede ser destruída jamás.
Cuando nuestro cuerpo, mente, emociones y acciones estén en armonía será cuando estemos en sintonía, en un óptimo estado vibracional y por tanto se manifestará una salud plena.
La única forma de empezar a controlar nuestra propia vida es controlar nuestra forma de ver la vida, nuestra forma de pensar y de sentir, y así controlaremos nuestra palabra y nuestras acciones. Todo lo que pensamos y creemos, justamente va creando nuestro destino y futuro.
Todos nuestros problemas no son sino que oportunidades para crecer interiormente, la mayoría de ellos proceden de las vibraciones que hemos estado emitiendo en el pasado.
¿Quieres cambiar tu futuro? el único camino posible es trabajando desde el presente, aquí y ahora. Si cambias tu presente, cambiarás tu futuro.
El mayor negocio que existe es el negocio de la enfermedad. No dejes tu salud en manos de otros, responsabilízate tu mismo.
Recordemos que la única forma de curar una enfermedad incurable, es desde nuestro interior más profundo.

Fuente: http://conscienciaeterna.blogspot.com.ar/2009/07/aspecto-metafisico-de-la-enfermedad.html

viernes, 13 de noviembre de 2015

Tu sanación es la curación de tu alma


En la investigación que llevé a cabo para mis libros El plan de tu alma, puedes descubrir el verdadero significado de la vida que planeaste antes de nacer y El don de tu alma, descubre el poder sanador de la vida que planeaste antes de nacer, descubrí que hay tres estratos del alma: el Yo espiritual, el Yo del Alma y la personalidad terrenal. Conocer estos tres estratos es profundamente útil para comprender por qué nosotros mismos estuvimos de acuerdo antes de nacer en experimentar grandes retos en la vida, para saber cómo podemos sanar de esos retos, y para conocer cómo nuestra propia sanación aporta curación a nuestra alma.

El núcleo de nuestro ser es el Yo espiritual, lo que algunos denominan Espíritu, Dios, o la presencia del Yo Soy. Esta parte del alma posee todo sabiduría y amor. Es parte de la esfera del Ser: omnipresente, inmutable, Uno con los demás seres y Todo lo que Es.

El Yo del Alma es parte del ámbito del Llegar a Ser. Este es nuestro aspecto que forma parte de la dualidad. El Yo del Alma evoluciona a través de la experiencia; puede cometer lo que consideramos errores; puede olvidar su conexión eterna con el Espíritu y sentirse desconectado del Amor del que fue creado y hacia el que crece.

La personalidad terrenal en cada vida es una expresión de la energía, enorme y mucho mayor que es el Yo del Alma. La personalidad se inspira en el Yo del Alma, y el Yo del Alma aprende de las experiencias de la personalidad, concretamente, de los sentimientos que la personalidad experimenta. Cuando regresamos a nuestro Hogar no físico entre encarnaciones, puede ocurrir – y ocurre – mucha sanación, pero algo de esa sanación solo puede ocurrir por medio de la experiencia de vivir los retos y superarlos mientras estamos encarnados en un cuerpo. En el ámbito no físico poseemos un conocimiento mayor, pero la vida en la Tierra nos da la magnífica oportunidad de transformar ese conocimiento en una experiencia sentida. En eso consiste la diferencia entre poseer sabiduría y ser sabiduría.

El Yo del Alma sabe más que la personalidad terrenal, pero no necesariamente está alineado con el Espíritu. El Yo del Alma es multidimensional, puede expresarse en varias dimensiones diferentes, o encarnaciones, simultáneamente. La sanación que cada uno de nosotros haga en nuestra vida actual aporta sanación a las otras personalidades creadas antes por el Yo del Alma, y su sanación nos aporta sanación a nosotros.

Se suscita la pregunta: ¿por qué permite el Espíritu, o Dios, que ocurran la enfermedad mental y otras formas de sufrimiento? Una respuesta sería que el Espíritu es ilimitado por naturaleza. Si el Espíritu evitase que el Yo del Alma planeara una encarnación en la que tuviera ciertas experiencias, entonces el Espíritu mismo se haría limitado, cosa que es opuesta a su naturaleza. Por lo tanto, el Espíritu permite que el alma experimente todas las manifestaciones de la ignorancia, el miedo e incluso la oscuridad.

Cuando el Yo del Alma planea una encarnación en la Tierra, el plan se crea tanto del conocimiento como de la ignorancia, el amor y el miedo. La ignorancia son falsas creencias: “soy indigno”, “soy un inútil”, “estoy solo”, “el amor es doloroso”, “no se puede confiar en la vida” y “la vida es sufrimiento”. El alma atraerá circunstancias vitales según esas creencias. Con el tiempo, según el mundo va actuando como un espejo de esas creencias ante la personalidad, éstas saldrán a la luz de la consciencia. Cuando la personalidad se da cuenta del poder creativo de la creencia y del hecho de que el mundo exterior de uno no es más que un reflejo de su mundo interior, él o ella están a punto de sanar de esas creencia falsas.

Para hacer eso se necesita más que solo intención y consciencia, son también necesarias las experiencias que desmienten la creencia falsa. Somos más capaces de crear experiencias positivas como esas cuando actuamos como si – como si nos sintiéramos dignos, como si supiéramos que somos útiles, como si el amor fuera seguro y la vida estuviese llena de alegría. Con el paso del tiempo y de las repetidas experiencias positivas, nuestras creencias falsas se transformarán. Y lo que quizá sea más importante: las creencias falsas no se pueden cambiar forzándonos a creer cosas diferentes. Las creencias falsas cambian cuando los sentimientos cambian, y por causa de ello. ¿Puedes sentir que eres digno, útil y que no estás solo? ¿Puedes sentir la presencia del Espíritu y el Amor que el Universo tiene para ti? ¿Puedes sentir alegría y confianza para toda la vida? Para abandonar verdaderamente las creencias, éstas deben abordarse al nivel del sentimiento. Y esto puede ser trabajo para toda la vida.

Si el mundo exterior refleja nuestras creencias ante nosotros, y si nosotros, por lo tanto, tenemos experiencias repetidas – e incluso vidas enteras – que nos traen la evidencia de esas falsas creencias, ¿cómo podremos curarnos de ellas? Para responder a esta pregunta debemos comprender que el sufrimiento proviene de las historias que nos contamos a nosotros mismos. Por ejemplo, la experiencia de sufrir que tu compañía sentimental te abandone no es intrínsecamente ni buena, ni mala. Sin embargo, si respondes pensando “nadie me querrá nunca”, o “nunca seré feliz”, habrás creado una historia que te hará sufrir a su vez. Justo en el momento antes de que tu mente cree la historia, habrás tenido un momento para elegir. En ese momento habrás escogido cómo responder al suceso exterior. Hay un espacio en ti desde el que respondes. Cuando eres consciente de ese espacio, también te das cuenta de quién eres en realidad: no una víctima, sino un creador poderoso. La sanación nace de esta consciencia.

Tu alma utiliza los retos y las crisis para crear una necesidad de elegir. Si nunca hubieras experimentado el reto o la crisis, si siempre te hubieras visto rodeado de gente que te quiere y de circunstancias pacíficas, entonces no tendrías que elegir. Tú, la personalidad terrenal, serías feliz, pero no estarías motivado para ir hacia adentro, para recordar quién eres realmente, y para escoger la sanación conscientemente. Tu alma, que anhela asimilar sus aspectos sin sanar, sentiría que faltaba algo y seguiría sintiéndose enturbiada por los residuos de las creencias falsas sin abordar. Tu alma busca sanar desde dentro. Puesto que tú eres una extensión de tu alma en forma física, estás “dentro” de tu alma y por lo tanto puedes brindarle curación.

En definitiva, y aunque pueda parecer lo contrario, tu alma desea que te sanes hasta el punto de que nades en la alegría.

Robert Schwartz
Fundación BLANCAMA
www.elplandetualma.com 
www.blancama.org/robert-schwartz 

viernes, 2 de octubre de 2015

Los Estados Anímicos como Causas de la Enfermedad



Hemos seleccionado un artículo que nos recuerda que en el proceso de sanación, siempre y únicamente es la propia persona enferma quien decide a través de un cambio de actitud, de ampliar su conciencia que funciona a modo de piloto automático conformando patrones establecidos y anclados desde la infancia, SANAR ya se a través de un médico convencional, alternativo, de un terapeuta Y MEDIANTE LA AUTOCURACIÓN.  Los profesionales de la salud están ahí para indicar un camino.  No para ser TU salvador porque nadie excepto la persona tiene tal poder.  La enfermedad nos indica que algo no está bien en nuestro organismo y nos induce a la introspección y al cambio, al que nos solemos resistir todos y solo cuando las circunstancias nos superan, dejamos la comodidad y la seguridad de nuestras propias normas y conductas.  En el proceso es necesario revisar los moldes emocionales y mentales y tratar de descubrir la relación con las partes físicas.  Las personas convencidas de que somos una unidad, no partes desconectadas e inconexas, tendremos menos dificultad en admitir la incidencia de la emoción y el pensamiento sobre el resto del cuerpo físico.

“En estos momentos de crisis de creencias a todos los niveles, de cambio de concepción de la vida, el ser humano se enfrenta a cuestionarse “figuras de poder” como los médicos, cuyos diagnósticos tienden a ser sentencias para los enfermos que creen a fe ciega sus veredictos, poniendo en sus manos la responsabilidad de sus vidas.

Cada vez son más los científicos que investigan sobre las causas emocionales de las enfermedades, utilizando toda su formación para encontrar nuevas respuestas sobre los procesos físicos y emocionales de los enfermos, más allá del marco de la medicina clásica. De hecho, la medicina naturista se empieza a enseñar en universidades españolas entre las que cabe destacar la de Zaragoza, Barcelona, Santiago de Compostela y Valencia. Siendo pioneros de estos estudios universitarios países como Suiza y Alemania en Europa.

La reconocida científica norteamericana, Barbara Ann Brennan, física que durante cinco años trabajó en la NASA como investigadora, y que actualmente es terapeuta en Nueva York, abre nuevas dimensiones al entendimiento de los conceptos de identidad psicosomática en sus libros de fama internacional “Manos que Curan” y “Hágase la Luz”.

“Es importante recordar que una de las bases del método científico occidental consiste en hallar la concordancia entre las pruebas matemáticas y experimentales. Si no logra encontrar la concordancia, el físico buscará otra teoría hasta que dichas pruebas existan y apliquen una serie de fenómenos”, explica Brennan en “Manos que Curan”.

“Esto es lo que convierte al método científico occidental en una herramienta tan poderosa en su uso práctico y lo que conduce a importantes investigaciones en campos tales como el empleo de la electricidad y la utilización de los fenómenos subatómicos en medicina, por ejemplo en los rayos X, los escáners, las instalaciones de TAC y los láseres”. Es importante destacar, que según la física norteamericana, todas las enfermedades empiezan a detectarse en el campo electromagnético ó nivel aural, antes que a nivel físico, pudiéndose prevenir tomando conciencia de esta realidad a tiempo.

Es evidente, que el descubrimiento de nuevas teorías sobre la salud, mediante investigaciones científicas, constituye un reto para la limitada concepción humana sobre la naturaleza de la realidad física. Una de las nuevas teorías más controvertidas de los últimos años, ha sido la explicación del cáncer por el doctor Hamer, que empezó sus indagaciones siendo Internista en jefe de una clínica oncológica en la Universidad de Munich, Alemania en 1979, cuando tras la trágica muerte de su hijo Dirk fue diagnosticado esta enfermedad.

La investigación del Dr. Hamer cambia radicalmente las muchas teorías existentes sobre el cáncer según la medicina convencional. Su explicación de la enfermedad como una interacción significativa entre la psique, el cerebro y el órgano correspondiente contradice la visión de que la enfermedad ocurre por azar o como resultado de un error de la Naturaleza. Basado en criterios científicos probados.

La Nueva Medicina Germánica defiende que el cáncer podría estar directamente relacionado con experiencias traumáticas inesperadas, que afectan no solo a la psique, sino también al mismo tiempo, a la parte del cerebro que corresponde biológicamente al trauma específico, visible en un escáner cerebral. Que el cuerpo responda al evento inesperado con un crecimiento tumoral, con una degeneración de los tejidos o con una pérdida funcional, está determinado por el tipo exacto de conflicto traumático, según el Dr. Hamer.

La defensa de estas teorías, que ponen en peligro el negocio farmacéutico del cáncer, ha provocado el hostigamiento al doctor alemán, quién perdió su licencia médica a la edad de 51 años, por rehusar renunciar a sus descubrimientos sobre el origen del cáncer y a regirse por los principios de la medicina oficial, llevándole hasta el encarcelamiento, a pesar de haber conseguido demostrar su teoría en un altísimo porcentaje de enfermos de cáncer testados.

Por su parte, la conocida terapeuta norteamericana Louise L Hay defiende también, con su propia experiencia como enferma de cáncer, cómo reconocer los estados emocionales, aplicando una actitud mental más positiva de la vida, e incorporando nuevos hábitos más saludables fueron la clave de su sanación, habiendo sido desahuciada por los médicos que diagnosticaron su enfermedad.

La relación entre la psquis y el soma, el alma y el cuerpo, han sido defendidas por profesionales de las terapias alternativas como Michel Odoul en su libro “Dime qué te duele y te diré por qué” y “Lo que la enfermedad quiere decirte – El lenguaje de los síntomas” del autor Kurt Tepperwein, docente en la Academia de Ciencias Mentales en Alemania desde 1984.

A lo largo de mi investigación para elaborar este artículo he topado con personas que no encontraban respuesta ante el dolor del sufrimiento de un bebé, enfermo gravemente, o de niños que llenan los hospitales del mundo sin aparentes traumas que justificaran sus enfermedades mortales. La medicina natural podría alegar, entre otras causas, sufrimientos fetales tan sutiles que ni la propia madre fuera consciente, o por supuesto, culpable de ello.

Como decía Shakespeare, “Son muchas las cosas entre el Cielo y la Tierra que el Hombre desconoce”. Indagar en uno mismo, encontrando las causas emocionales que nos afectan en la vida, podría revelarnos el diagnóstico y la cura más sabia sobre nuestras enfermedades, algo que ni el médico o sanador más bien intencionado de la tierra podría revelarnos nunca.”

ESCRITO POR: María Cicuéndez
Extraido de: www.hermandadblanca.org

Naturaleza de la enfermedad, sanación y distorsiones energéticas




Todo componente de la realidad, sea individual o común, y especialmente todo tipo de enfermedad o problema físico tiene siempre un detonante mental, emocional, energético y, en muchos casos, profundamente espiritual y de extremo crecimiento personal. Uno puede autogenerarse una enfermedad debido a una distorsión en su sistema energético, producida por una lección de vida o una decisión inconsciente a nivel psicológico, de la misma forma que la masa de la humanidad puede generar una realidad común, enferma, debido a la distorsión de nuestra psique global.

Naturaleza de los grandes eventos 

Todos los grandes eventos que se manifiestan en el planeta son debidos a la creación energética de la suma de millones de realidades comunes, que suman el potencial existente en cada una de ellas, para dar lugar a pandemias, revoluciones, puesta en pie o caída de regímenes, cambios de era, catástrofes, guerras o desastres. No pensemos que, porque la semilla de esos eventos pueda haber sido instaurada artificialmente (como de hecho sucede en muchos casos cuando hablamos de enfermedades que salen de laboratorios, de guerras fabricadas en salas de reuniones o de crisis manufacturadas en oficinas bursátiles), no somos nosotros los que terminamos aceptando, implantando, emitiendo y manifestando el efecto deseado de esa semilla, haciéndola germinar y terminando por darle poder, gracias a que somos el catalizador del proceso energético a través del cual se crea el mundo en el que vivimos.
Incluso los grandes desastres naturales que estamos viviendo estos últimos años no son nada más que el proceso del planeta mismo por restaurar la gran carga energética negativa causada por la humanidad, y la restauración de su armonía y balance interno, en su propio proceso de crecimiento.
Nuestro planeta no es un sistema cerrado, en el sentido de que los eventos están contenidos allá donde fueron creados, sino que la energía de los mismos viaja por todo el inconsciente colectivo, la psique de la humanidad, y nos afecta a todos en mayor o menor medida, dependiendo de como resonemos con esa energía. En el caso de grandes epidemias, los eventos sirven a una causa individual, pues esa persona ha podido elegir fallecer o pasar por la enfermedad para su propio proceso evolutivo, aprovechando la oportunidad presentada para ello gracias a la manifestación (a la que contribuye) de esa enfermedad en la realidad común, pero también tienen un significado más profundo a nivel de masas, dando a veces lugar a grandes cambios en partes de la humanidad por haber sido usada como catalizador para obtener otros propósitos. Grandes enfermedades, plagas, desastres y otro tipo de eventos de este tipo han sido el detonante de grandes avances, reconversiones y cambios colectivos. La especie humana mantiene su propia autoconciencia e instinto de desarrollo como lo mantenemos todos los que pertenecemos a ella, usando a gran escala las herramientas de crecimiento y sanación que usamos todos a nivel individual.

La enfermedad no es una cuestión de virus 

Cuando pensamos que una enfermedad es solo una cuestión de un virus, parece que reducimos el problema a un tema puramente físico. Nos vacunamos o nos medicamos y a corto plazo esa enfermedad se cura o pasa de largo de nuestra casa. Gracias a nuestros avances médicos, muchas enfermedades han sido conquistadas y prácticamente erradicadas. Eso no significa sin embargo que las personas que han decidido pasar por una enfermedad como medio de crecimiento personal o espiritual no cojan simplemente otra que este todavía latente, y para la que, si es necesario, no haya cura en ese momento.
Nadie se pone enfermo, de ninguna forma, si esa enfermedad no tiene lugar o no está detonada por un proceso interno psicológico, energético o espiritual. En tiempos de grandes epidemias, miles de individuos permanecen inmunes, y otros miles enferman. A nivel individual, si solo hay un virus en el planeta de una enfermedad rarísima y una cierta alma necesita pasar por ese proceso, esa persona será la única entre millones con ese tipo de problema. Muchos otros millones de personas que también se vacunaron contra tal o cual epidemia probablemente nunca tenían que pasar por ella, pero aun así inoculan en su sistema físico y biológico trocitos del virus, por si acaso, sin comprender que es el proceso energético, mental y espiritual lo que determina que cojamos o no ese virus, esa enfermedad u otra, pues depende de nuestras lecciones y aprendizajes, para nosotros y para con otros, que queramos manifestar (en niveles que posiblemente no entendemos de forma consciente) un cierto estado de salud físico.

La muerte y la salida del juego 

El proceso de la muerte por enfermedad es también un proceso fijo. Nadie se va de este plano si a nivel de alma no quiere irse, y nadie se puede quedar ni un segundo más de lo estipulado cuando desea marcharse. Incluso un suicidio es un permiso para salir antes de tiempo, una decisión del alma, (en regresiones a vidas pasadas he vivido mi salida de una encarnación a través del suicidio, y he vivido el proceso de decisión interna a nivel de alma para llegar a él, lo cual fue muy revelador), que decide poner fin a una partida que todavía, a priori, no se ha terminado. Pero es una decisión del alma, ya que si es la personalidad la que desea irse pero no así quien de verdad gobierna el cuerpo, aparecerán todo tipo de obstáculos que realmente impiden esa salida anticipada del juego. Fallecemos cuando hemos de fallecer y de la forma que escogemos fallecer, y nada puede alterar esa elección de la propia persona a nivel espiritual, así como enfermamos cuando aparece la necesidad física para ello, porque forma parte de un proceso, un aprendizaje, o la manifestación de una distorsión aparecida a nivel energético a la cual no le estamos prestando la suficiente atención mental, y, por ende, debe hacerse visible a nivel físico.

La naturaleza de la sanación 

En la cara opuesta de la moneda, la sanación es el proceso contrario. Todo el mundo sana cuando a nivel profundamente interno desea sanar, cuando se ha completado el aprendizaje asociado a la enfermedad, y cuando se restaura de nuevo el equilibrio energético que causó el problema. No podemos sanar a nadie que no lo desee, eso lo sabemos bien cuando hacemos sanación Akashica, por muchos bloqueos energéticos que detectemos, como la persona a nivel interno no desee esa restructuración de la distorsión energética que causó el bloqueo, es como si le enviaras una brisa de verano a acariciarle el aura. No le hace nada. Cuando una enfermedad se ha manifestado ya a nivel físico, hay que tratar el cuerpo físico, pero hay que tratar con mucha más insistencia el problema energético que lo detonó. Mientras la entidad tenga un proceso de aprendizaje en marcha, una lección incompleta o una distorsión energética sin armonizar, el trabajo con el cuerpo físico para restaurar la salud es idéntico a poner capas de pintura en la pared sin solucionar el problema que causa la humedad en la misma.
A este respecto, volví a leer ayer este párrafo en una de las canalizaciones de Q’uo de LL Research que viene a cuento:
“…el área de sanación es ese área que abarca toda la encarnación, ya que la sanación de cualquier distorsión es el equilibrio de esa distorsión… lo que ha sido desgarrado se reúne, y lo que ha causado daño es una parte de la experiencia que ha enseñado una lección que ha sido planeada por la propia entidad, ya sea antes de la encarnación o como una parte de la encarnación. 
…Muchas veces, la conexión entre la entidad y su experiencia, o para ser más precisos entre la entidad y el catalizador de esa experiencia, es lo que a menudo se denomina enfermedad o falta de armonía, ya que la entidad, o alguna porción de la entidad, es lanzada fuera de su equilibrio normal y forzada por dicho desequilibrio a prestar atención a la situación en la que ahora se encuentra. Cuando esta experiencia y esta lección son consumadas mental y emocionalmente, entonces existe un restablecimiento del equilibrio, de la armonía, de la persona. Cuando la percepción está lo suficientemente distorsionada -o tal vez deberíamos decir lo suficientemente ignorada- entonces puede ser que el catalizador sea dado por la mente al cuerpo, y las dolencias físicas de una u otra forma garantizan a futuro la captura de la atención del buscador. Este tipo de incomodidad enfoca entonces la atención del buscador sobre ese catalizador que no ha sido bien utilizado. A medida que se utiliza el catalizador y el aprendizaje se completa, entonces se logra también lo que se denomina sanación.” 

Dos caras del mismo proceso 

Tanto la enfermedad como la sanación son procesos idénticos de diferente polaridad. Uno es el resultado de una distorsión energética, el otro es el resultado de una armonización energética. Ambos son el resultado de algo mucho más profundo, un aprendizaje todavía por integrar o un aprendizaje completado. Ambos dependen de la persona que sufre la enfermedad o que sale de ella, y de nadie más. El entorno exterior no es el causante de ninguno de estos dos procesos, sino que sirve solo como apoyo, herramienta, excusa o método para caer enfermo, o para recuperar la salud. Y todas las enfermedades, problemas y trastornos están siempre disponibles primero como experiencia tanto a nivel emocional como mental, de forma que si nos escuchamos, y nos mantenemos sanos a esos niveles, el cuerpo físico no tiene porque sufrir nunca ningún tipo de distorsión.

http://www.concienciadeser.es/




Crees que la espiritualidad puede cambiar tu vida y por ende mejorar tu enfermedad